viernes, 6 de agosto de 2010

De la Guerra



El empleo de la violencia física como medio para lograr uno o varios fines ha de ser, probablemente, nuestro único vínculo con lo que llamamos "naturaleza" o reino de dios. Los hombres hemos ideado diversísimas formas de resolver conflictos. Todas son caprichosas. Hay sólo una que se justifica con un silogismo de lo más simple.
Se han creado elementos tales como dados, naipes, bolas, y miles de otros artilugios para decidir cosas en las que se hace difícil ponerse de acuerdo. Desde el pueril "canté pri" hasta un juego de ajedrez.
El único artilugio que presenta una resolución definitiva y absoluta para cualquier conflicto es la guerra. El silogismo al que hacíamos referencia anteriormente es: "Mi contrincante y su libertad horadan la mía (y viceversa). Nadie que esté muerto, inanimado, encerrado o derrotado en cualquier otra forma puede molestarme. Luego, si mi enemigo está muerto, inanimado, encerrado o derrotado en cualquier otra forma, mi libertad es real y completa". Por más que yo sea mejor jugando a la bolita, al ajedrez, cante pri verdaderamente rápido o sea mejor payador que Fierro, el negro siempre puede traicionar el código elegido y optar por la violencia física.
Hasta aquí todo bien. No hablamos tanto de guerra sino sólo de violencia física como medio. La única diferencia entre estos dos conceptos es numérica, jerárquica y social. En las guerras no son quienes las declaran los que la luchan. Esos hombres que ven sus libertades ajadas, no son ellos mismos quienes las defienden en contra de libertades ajenas. Como decía el bueno de JP Sartre, "Cuando los ricos hacen la guerra, son los pobres los que mueren."
Debido a una coyuntura actual me veo en la obligación de reflexionar sobre este tema. Este blog se vuelve terrenal y suscribe a una problemática actual, tangible, temible y probable. A lo largo de la historia de la humanidad encontramos infinidad de guerras. Hasta podemos llegar a dudar de que haya existido un año completo de paz en el mundo.
La coyuntura a la que se hace referencia en el párrafo anterior es el conflicto que va desatándose entre Venezuela y Colombia. Cómo podemos explicar que dos países obligados a convivir por razones geográficas, económicas y comerciales se vean envueltos en una pelea de estas características? Cómo puede entenderse la sumisión ante el mandato yanqui? Ante el hambre voraz del imperio por hidrocarburos que le permitan mantener su modo de vida motorizado durante un par de décadas más?
Probablemente no pueda entenderse. Porque como decíamos antes, la violencia como medio es un vínculo a lo real y natural. No se justifica. No se piensa. Es la resolución absoluta, indudable e irreparable de cualquier conflicto, es una forma que no pertenece de manera exclusiva al género humano.
Sin embargo, esta forma de resolver tensiones sí se ve teñida por un factor exclusivamente humano: La previsión. Un hombre puede analizar las condiciones en las que una guerra se desata, antes de que se desate. Si pensamos que Estados Unidos tiene un gran interés en que Venezuela entre en guerra, tendríamos que decir que la guerra es inevitable. Y también su resultado, dado que conocemos el desarrollo militar del imperio.
No obstante, si pensamos que toda Latinoamérica desprecia esta posible guerra, aparecen otras posibilidades. Corresponde a toda la región tomar conciencia de cuales son las verdaderas libertades que se disputan en esta discusión. A quién pertenecen. Y, fundamentalmente, no pelear guerras que no son nuestras.
Qué le pasa a Rambo que abandonó la premisa "Esta es mi guerra" por "Esta es la guerra de todos ustedes contra el terrorismo que amenaza al mundo entero"? Será que Rambo ya no se la banca contra todos? Será que si la región tomara partido por sí misma, Rambo se vería en aprietos?
Para terminar parafraseo: Hagamos y esperemos lo mejor. Pero preparémonos para lo peor. Medio oriente es una región dividida por su propia heterogeneidad. Nadie apoyó a Iraq. Latinoamérica es otra historia. Preparen, apunten y digan "whisky".


G.



martes, 3 de agosto de 2010

¿so!p :ɐʇsәndsәɹ

En la entrada inaugural hemos aclarado que al hablar de dios estaríamos hablando de la idea de dios y no de dios como fenómeno. El tema que impera en esta entrada será el análisis de esta idea y sus consecuentes fenoménicos.
Alguno habrá jugado al Indicios o a las adivinanzas alguna vez. Aquel juego en el que uno va recibiendo pistas sobre determinado objeto (personaje, lugar, etc.) y debe adivinarlo con la menor cantidad de indicios posible. Retrogrademos este procedimiento. Arranquemos por el personaje: Dios. Cuales son los indicios que nos permitirían descubrir que estamos hablando de dios?

En primer lugar, a dios no se lo ve ni se lo percibe en forma alguna. O al menos no de forma determinante. Todo puede ser explicado de otra forma, o no. Pero ninguna evidencia señala a dios de manera inequívoca. Es por esto que decimos que es idea y no fenómeno. No se manifiesta.
En segunda instancia, dios se encargaría (el dios que determina nuestra cultura) de brindarnos pautas morales, normas de convivencia, sugerencias del chef para degustar la vida. Es dios quien nos señala el camino correcto (co-recto). Es el quien instaura la idea de corrección. Y es el quien se toma el trabajo de ajusticiarnos si desoímos su mandato. Dios legisla, juzga y ejecuta.
Por otra parte, es omnisciente. Todo lo conoce. Y cuando decimos todo no queremos decir otra cosa más que todo. Pasado, presente, futuro fenoménico e ideal. No sólo conoce lo que pasó, pasa y pasará. Conoce también lo que podría haber pasado, podría estar pasando y podría pasar. Pero ojo! No nos determina. Nos brinda una dichosa libertad. Castigo de dios, somos libres pero nuestras acciones ya están previstas. Esta es una contradicción. No suscribe al código vigente hoy. Cómo podemos ser libres de mañana ir al parque de la costa si dios ya sabe que vamos a hacerlo? Abandonemos el código vigente y tomemos esta premisa como cierta. Tal vez podamos incorporarla al código más adelante.
Dios, además de regir el mundo (y co-regirlo con la humanidad), lo ha creado. Dios creó todo lo que nuestros sentidos perciben. Hizo el fenómeno. Pero no sólo eso! También creó la idea. Todo lo que pensamos, las esencias que sustraemos, ya fueron creadas por dios.

Bien. Hasta ahí tenemos una buena cantidad de indicios como para adivinar de quién estamos hablando. Pero momento. Leamos los indicios y pensemos un rato. Sólo se nos ocurre dios? Es dios la única idea, la única esencia extraída del fenómeno con la que pueden congeniar todas estas pistas?

Vamos por partes. Nos brinda pautas morales, juzga si las cumplimos correctamente y luego da su veredicto y condena (o premio). Pensemos quien hace esto antes de que siquiera hayamos conocido la idea de dios. Padres. Nuestros padres nos enseñan lo que está bien y lo que está mal. Ellos o alguien que cumpla su papel. Alguien se encarga de introducirnos en el mundo.
Sigamos. Es omnisciente. Todo lo sabe. Sabe lo que haremos. Pero nos deja decidirlo por nosotros mismos. Che, nuestros padres que nos conocen dese que nacimos y podemos decir que nos hicieron? No lo saben todo, acaso? No nos "brindan" el libre albedrío en algún estadío de nuestras vidas? Y los padres, para la mirada de un niño, no lo saben todo? Conocen pasado, por venir de ahí. Conocen y entienden el presente, por venir del pasado. Pueden prever el futuro por conocer, una vez más, el pasado y la forma en la que usualmente se desencadenan los hechos. Conocen nuestro pasado, presente y futuro. No sólo pueden prever nuestro futuro, pueden e inexorablemente lo determinan. O por lo menos lo condicionan. Fijate que extraño, la contradicción anterior cobró sentido dentro del código vigente. Somos libres pero alguien tiene la providencia de lo que haremos.
Para terminar con este pequeño juego, no son nuestros padres quienes hacen todas las cosas? No son ellos quienes nos presentan todos los objetos? Es imprescindible para entender esto hacerse la idea (o acudir al recuerdo) de lo que significa ser nuevo en el mundo. No son nuestros padres quienes nos hicieron? No es la casa paterna el jardín del edén en el que nuestras necesidades se ven satisfechas y estamos protegidos del dolor? No es este jardín aquel del cual somos expulsados o del cual nos escapamos? No nos vamos del paraíso al morder la manzana, es decir, al poner nuestra libertad en ejercicio? Yendo un poco más atrás, no es también el útero una suerte de paraíso del cual seremos inexorable y literalmente expulsados de la manera más traumática?

Al igual que papá noel, los reyes, el ratón y todos los otros artilugios educativos que nuestra bendita humanidad inventó para incorporar al nuevo, dios son los padres.
O no. Así como los indicios que elaboramos funcionan para la idea de dios y para la idea de padres, seguramente funcionen con otras ideas. Tal vez el estado. Dejo la búsqueda de otras esencias para estos fenómenos a quien quiera llevarla a cabo.

En esta relación tan imbricada que mantienen estas ideas tal vez estribe la posibilidad de creer en la existencia fenoménica de dios. Desde la psicología se plantea la idea de que creer en dios implica creer en los padres. Es por esto que las ideas de dios varían entre los hombres. No es raro escuchar la frase: "Si, yo creo en dios. Pero no en el dios de la iglesia." Porque el dios de la iglesia católica o de cualquier otra es un dios generalizable. Característica humana es intentar durante algún tiempo encajar el fenómeno dentro de la idea. Característica humana es notar el error y conocer el fenómeno. Característica humana es elaborar la idea que sí sea acorde al fenómeno. Explicarse el mundo y explicárselo al nuevo.



G.




lunes, 2 de agosto de 2010

Del Miedo

El tema de esta entrada surge de una, o mejor dicho muchas experiencias personales. Inexplicable parece ser el miedo que se presenta ante la exposición pública. Por qué el mostrar en público lo que uno hace produce tanto y tan característico miedo? Aceptemos de una vez que "nervios" es un burdo eufemismo para decir pavura. A qué se le teme realmente? No es al público. No es a la opinión. A qué se le teme?
Una vez le preguntaron a Paco de Lucía por qué tenía tan mala cara cuando tocaba (léase cara de trasero). El tipo contestó: "Hombre! Porque tengo miedo!". Su interlocutor repreguntó: "Miedo a qué?". Y este es el tema de hoy. Paco contestó y echó luz: "Miedo a no ser Paco de Lucía".

Es el miedo a no ser lo que creemos que el resto cree de nosotros. Lindo quilombo. El temor es a uno mismo. Uno teme no estar a la altura de la idea que uno tiene de la idea que los demás tienen de uno. Qué deposita uno en los otros, es la pregunta. Qué es lo que uno asume que el mundo espera. Qué le gustaría a uno que el mundo esperara.
Por otra parte, el miedo del que hablo no es un miedo comparable a ningún otro. No es el temor a la muerte, ni al dolor, ni a nada parecido. Es el temor a una desgracia de la cual uno sería culpable. Se ha dicho alguna vez que el que nada debe, nada teme. En este caso, no parece aplicar. Qué puede deber un cristiano que dedica sus días a tocar un instrumento? Aún habiendo hecho todo lo necesario, se siente miedo. Después de haber estudiado y trabajado una obra por años se siente miedo al tocar. Si bien esto disminuye, siempre está presente en mayor o menor medida. No, no se trata de una deuda. Se trata de algo más.

La psicología podría decir que se trata de miedo al rechazo. Incluso miedo al reto, dado que se está haciendo algo y si se lo llega a hacer mal, habría represalias. Como un niño que recibe el reto de su padre por haber lavado mal un plato. Ese niño incorpora esa forma de relacionarse consigo mismo, siendo él emisor y receptor del reto. Una vez más, miedo a uno mismo. Se "mama" el tipo de relación de una persona y se lo inyecta como si fuera absoluto. Tal vez de ahí venga lo que uno cree que los demás creen y esperan de uno. Se trata de un amor condicionado al resultado. "Si hacés eso mamá se enoja!". Che, no será entonces que el mismo hecho de someterse a exposiciones es un intento siempre infructuoso de recuperar ese amor? No será por eso que en lo primero que se piensa después de un concierto/función/etc. es en el próximo y las cosas que hay que corregir? No será que en el resultado de lo que hagamos buscamos un amor que nunca vamos a encontrar? Corregir en cursiva no es capricho. Corregir. Reinar con otro. Quién mas reina acá? Creí que era sólo yo.

Todo esto está muy bien. pero no me convence. No termino de explicarme porqué el miedo. Es un miedo que se siente en las tripas. Una sensación de las más viscerales. Como si el propio cuerpo rechazara lo que uno está por hacer. Cual mecanismo de defensa, el estómago se revela y empieza a hacer unos ruidos que casi parecen decir en italiano "Non....non." Si uno tiene que usar las manos, estas se enfrían hasta endurecerse o transpiran haciéndolo todo resbaloso. Si uno piensa cantar: La garganta se seca. Por qué la naturaleza nos niega desde lo físico el placer de realizar actividades creativas y que otros lo vean? Tal vez sea por la naturaleza divina de estos menesteres. Sospecho que en un acto de despecho dios intentó recordarnos por siempre que somos humanos y que no es propio de la humanidad el ser demiurgos. Que demiurgo hay uno sólo. Y que si algún objeto de su creación decidiera por propia voluntad convertirse en dios, no lo haría sin sufrimiento. "...con lágrimas, sudor y sangre."

A pesar de todo esto, es necesario decir que el arte es la más bella y tal vez la única ocupación digna del hombre. Si como es arriba es abajo, que dios se la banque y que mis creaciones sufran. El miedo, si bien insoportable, da cuenta de algo importantísimo: Hay algo en juego. Algo de verdad importante. Nadie siente el miedo del que hablo al ir a la oficina. Nadie lo siente a la hora de decidir si comprar al contado o en cuotas. Es un miedo que sólo se siente al poner absolutamente todo lo que uno fue, es y será al servicio de un sólo momento. Un pequeño lapso mugriento, trascendental e insignificante en la vida de uno. Son años para algo que durará una hora. Como aquella anécdota de Pablito Picasso en la que pintó un cuadro en 10 minutos. Un fulano se lo quiso comprar y preguntó el precio. Picasso le dijo que costaba diez mil dólares. El comprador, indignadísimo, señaló que sólo le había llevado diez minutos hacerlo y que no pagaría tanto por tan poco trabajo. Picasso contestó y echó luz: "Yo tardé treinta años en hacer este cuadro en diez minutos."

El miedo sólo desaparece cuando aparece el arte aparece sólo cuando desaparece el miedo.



G.


jueves, 29 de julio de 2010

De la memoria, los códigos y la locura

En la entrada de ayer un anónimo planteaba que en realidad "llevamos nuestros pseudo cadáveres a cuestas. Todo el tiempo. El púber carga con el cuerpo moribundo del niño que fue y que se niega a terminar de morir y así sucesivamente. Más que cementerios, somos salas de terapia intensiva." Completamente cierto. Por eso es angustiante morir y nacer. Porque se tiene recuerdo de ello. Tener recuerdo significa tener conciencia a largo plazo.
Buscando entre las cosas que nos diferencian del resto de las criaturas que habitan el mundo, muchos hablaron de la razón, el lenguaje, los símbolos, la psique, etc. Poco se ha hablado de la memoria. Sin la capacidad de retener en la memoria los sucesos, pensamientos, sensaciones, códigos, etc. ninguna de las otras características tendrían ningún valor. En realidad, ni siquiera sabríamos de su existencia. En esa capacidad de recordar estriba el génesis de la esencia que subyace a cualquier cosa. Ayer decíamos que "nace esencia pura. Sólo ahí se está a la par de dios. En la cabeza, pero no en el mundo."
En esta sintonía, alguna vez se dijo que vivir consiste en producir recuerdos. Nada más, y nada menos. Todo lo que hacemos e hicimos y todo lo que haremos no será más que memoria. Tal es así, que en el ejercicio de la capacidad humana de extraer la esencia de las cosas, como pregonaba Aristóteles, no queda más que eso. Esencia. Porque, en definitiva, es lo codificable. Si un código quisiera abarcar todo lo fenoménico, no podría. Y si aún así lo hiciera, sería completamente inútil. De qué nos serviría tener un nombre distinto para cada cigarrillo que hemos fumado? Sólo puede codificarse aquel fenómeno que hemos entendido y cuya esencia hemos extraído. A su vez, hoy se cree que sólo puede conocerse lo que está codificado. Una dialéctica que camina renga por el poco fundamento que guarda la segunda proposición.
Sin embargo, la relación dialéctica que si conocemos y sufrimos a diario es la que se da entre idea y fenómeno. Entre esencia y hecho. Esta es un poco más universal que la planteada anteriormente. Analizando esta relación es que uno se empieza a sentir cada vez más lejano de la realidad. En principio, por no poder escapar de un lenguaje. Y digo un lenguaje con la peor intención. Porque uno puede escaparse de todos los lenguajes que quiera. Pero nunca puede quedar sin lenguaje. Es inherente al hombre manejar al menos un código. Por supuesto que yo puedo dejar de hablar español, si quiero. Nadie duda de que podría comunicarme por señas, por sonidos no verbales, y por cuantos medios se me ocurran. Sin embargo, siempre habrá lenguaje, sea este cual sea. Porque el pensar humano necesita generar esencia, y esto significa generar lenguaje. Ahora, no todo lenguaje es código. El arte es un lenguaje que no construye código. Se ha vuelto completamente asemántico, a diferencia de cualquier idioma. Aún siendo portador de esencia, al igual que el idioma. Sin embargo, este último es código por ser determinado. "No" significa no. Mientras que blanco sobre blanco, 4'33'' y El beso, no significan nada.
La sensación de no poder escapar de los códigos, hace que uno se sienta pura idea. Y pura idea es menos hecho. Y menos hecho o fenómeno es alejarse del mundo real. Y ahí nos encontramos con lo que M. Cioran llama "El presentimiento de la locura". La ¿sana? sensación de estar enloqueciendo. Como sabemos, la locura no es la pérdida de la razón sino la pérdida del sentido común. Ahora, resulta extraño que la puesta en práctica rigurosa y estricta de los códigos comunes (expresivos de un sentido común) nos lleve al presentimiento de la locura. Es que en rigor, la característica más saliente de la locura sin dudas es esta: El rigor. Lo exacerbado de las cosas. Sea esto la razón, el lenguaje, los símbolos, la psique, etc. Incluso el mismísimo sentido común en estado exacerbado nos remitiría a la idea de locura.
El loco será loco cuando ya no recuerde lo que era ser cuerdo. Cuando haya perdido la esencia de la cordura. Cuando haya perdido el recuerdo. Cuando se haya cansado de cargar con pseudo-cadáveres y ¿opte? por cerrar el geriátrico.-



G.